El 27 de octubre de 2022, el magnate Elon Musk entró en la sede de Twitter con un lavabo. El día siguiente, hace ya un año, se hizo oficial su compra por 44.000 millones de dólares. Desde entonces, una increíble actividad ha generado docenas de cambios en la red social: Musk despidió a la mitad de empleados, creó suscripciones, canceló el uso tradicional de la envidiada señal azul, perdonó a miles de cuentas eliminadas en aras de la libertad de expresión, monetizó la creación de contenido y cambió el nombre, de Twitter a X, de una plataforma que ya no es lo que era, para mejor o peor.
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