Recibir una videollamada a las 4 de la madrugada de un ex con quien no se tiene contacto desde hace años, darle a me gusta en una foto de la vecina de enfrente en Instagram, hacer un retuit no deseado a alguien a quien se odia… Son pequeños deslices con el dedo que pueden elevarse a la categoría de tragedia social, o en el mejor de los casos, a un “tierra trágame” del que resulta complicado salir. Es el embarazoso momento que tiene lugar cuando —maldita la curiosidad humana— quien está revisando las fotos de perfiles de WhatsApp, pulsa, por accidente, el botón de llamada o videollamada, y la plataforma no es clemente: en el momento en el que la yema del dedo acaricia ese letal botón, se desencadena la llamada, con la consiguiente notificación al cotilleado. Nos referimos también a los “me gusta” accidentales, a una foto publicada en Facebook o Instagram, una orgía de despropósitos de quien estaba en el peor momento y en el sitio equivocado. Un doble clic con el dedo, mucho más fácil de lo que podría parecer, a una persona que no tenemos por contacto, abre las puertas de un averno al que nadie quiere entrar.
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