Hace un par de años, la ex ingeniera de datos de Facebook Frances Haugen publicó La verdad sobre Facebook, una reveladora disección de los mecanismos internos con los que las redes sociales han contribuido a hacer de la nuestra la era de la polarización política. La confidente dentro del universo Meta ofreció entonces detalles de una reunión mantenida con responsables de partidos europeos que se resistían a aplicar en las redes sociales la fórmula mágica con las que veían cómo grupos ultras en todo el mundo estaban ocupando el espacio digital. El algoritmo no premiaba, ni lo hace hoy, la cortesía o la moderación, sino el insulto, la burla o las expresiones de odio al adversario político. “Nos estáis haciendo tomar posturas que no nos gustan, que son malas para la sociedad, pero si no lo hacemos no ganaremos en el mercado de las redes sociales”, venían a quejarse, desconcertados, los partidos políticos convencionales ante los jefes de Facebook.
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