Primero fueron Bill Gates, Steve Jobs y Mark Zuckerberg. Algunos sitúan a continuación a Elon Musk. Muchos creen que ahora es el turno de Sam Altman: él es el elegido para ser el rostro de Silicon Valley, el genio de la tecnología que marca el paso a los demás. A sus 38 años, Altman es el abanderado de la revolución de la inteligencia artificial (IA), que en apenas 12 meses, desde que él mismo lanzara ChatGPT, ha hecho que las grandes tecnológicas cambien a toda prisa sus prioridades y se vuelquen en esta tecnología. El culebrón vivido la última semana en OpenAI permite hacerse una idea de lo cotizada que es su figura. La junta de accionistas perdió la confianza en él decidió echarle el pasado viernes. El lunes ficha por Microsoft, dueña de un 49% de OpenAI, y ese mismo día el 95% de la plantilla amenaza con irse si no le readmiten. El martes, el joven ejecutivo vuelve a su puesto como CEO de OpenAI y se purga a quienes le despidieron. Volvió con poderes reforzados y con el apoyo explícito de la cúpula de Microsoft.
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